Lunes, 08 de octubre de 2007
La integración de las mujeres en las cofradías avanza de forma paulatina aunque está aún lejos de alcanzar unas cuotas aceptables de igualdad con los hermanos varones
DIARIO DE CORDOBA
REPORTAJE
21/03/2007 A.V.
En 1973, la hermandad del Via Crucis fue la primera que - contraviniendo las normas eclesiásticas vigentes en el momento- incluyó mujeres nazarenas en su cortejo penitencial. En 1984, las costaleras del Cerro hicieron sus primeras chicotás. En 1992, una mujer -Mely Lopera- accedió al cargo de hermana mayor de la hermandad del Socorro. En 1996, Marisa Marcos era la primera cofrada que llegaba a carrera oficial ostentando la vara de hermana mayor de una cofradía de penitencia. En 2004, Marisol Salcedo pregonaba la Semana Santa de Córdoba, y un año más tarde, en 2005, la hermandad de la Buena Muerte aceptaba la inclusión de nazarenas en sus filas silenciosas.
Con las fechas que se acaban de enumerar como hitos principales, la integración de las mujeres en las cofradías de Córdoba ha seguido un proceso lento pero incesante. Antes, los pregones de Semana Santa -todos ellos, obviamente, pronunciados por hombres- elogiaban a las mujeres como madres o esposas de los cofrades: su labor se limitaba a planchar las túnicas, preparar las torrijas y, llegado el Jueves Santo, vestir la tradicional mantilla para visitar los monumentos. Existían los grupos de camareras, pero no entraban en las juntas de gobierno, y algunos estatutos decían expresamente que "las mujeres sólo pueden pertenecer a la hermandad a efectos espirituales", lo que en la práctica le cerraba las puertas a la estación de penitencia y a los cargos de responsabilidad.

Tiempo de cambios
Pero los tiempos fueron cambiando y corriendo, y la demanda de igualdad fue tomando cuerpo. Las mujeres, sobre todo las más jóvenes, no se resignaban a las tareas más propias del atrezzo y quisieron tomar protagonismo. Desde la Iglesia, el Concilio Vaticano II estableció una tolerancia que no adquirió carta de naturaleza hasta el nuevo Código de Derecho Canónico dictado por Juan Pablo II en 1983. A esas alturas, sólo dos hermandades -La Misericordia y la Buena Muerte- vetaban la presencia de mujeres como nazarenas, aunque la hermandad de San Pedro comenzó a aceptarlas tras cambiar sus estatutos a finales de 1986.
Más lento fue el acceso a los puestos de responsabilidad. Aunque empezaron a ocupar puestos en las juntas de gobierno, casi siempre en puestos como la vocalía de caridad o similares, tardaron en ir asentando en la normalidad su presencia en las reuniones de la Agrupación de Cofradías. En 1992 Mely Lopera era elegida hermana mayor de la hermandad de gloria del Socorro; era un hito importante, pero faltaba dar el salto a una cofradía de penitencia. Fue Marisa Marcos quien lo dio: elegida hermana mayor de la Agonía (Barrio del Naranjo) en 1995, a ella se debió la decisión de sumar su corporación a la carrera oficial: fue una apuesta difícil, pues había que trazar la procesión de Semana Santa más larga de la historia, con doce horas en la calle. La experiencia fue muy positiva, y quienes la vivieron recuerdan la emoción de aquella primera salida. Hoy solo una mujer, Olga Caballero, lleva la vara máxima en una cofradía, la de la Esperanza.
Queda mucho por delante. Pero, al menos, las mujeres cofrades de Córdoba conocen ya el camino que va desde la mantilla hasta la igualá.
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Por: Mujeres Cofrades de Cartagena | Mujeres Cofrades | Comentarios (0) | Referencias (0)
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