Miércoles, 21 de junio de 2006
La devoción y sentimientos de una joven cofrade se reflejan en este artículo, en el que se demuestra que tanto hombres como mujeres tenemos derecho a expresar nuetra fe y participar en la manifestación pública religiosa más bella: nuestra Semana Santa.
LO NECESITO
Cada año que pasa, al llegar la Noche de Jesús, se vuelve al vivir lo mismo en mi casa. Pero por más que el tiempo se detenga, cada año hay algo que la hace distinta, imborrable, duradera.
Este año, al llegar las dos de la madrugada, los nervios ya estaban haciendo de las suyas por mi cuerpo, y no pararon hasta las claritas del día.
Pero aunque estaba muy nerviosa, la felicidad era muchísimo más grande, ya que hacia un año que esperaba ansiosa ese día.

Todo comenzó cuando me acerqué al dormitorio de mis padres buscando la túnica, siempre hay unas cuantas allí esperando ser vestidas por mi familia, y junto a ella, siempre hay una pequeña túnica de monaguillo, la miré con una sonrisa en los labios, recordando cuando a mí me tocaba vestirla, correteando por el cortejo de hermanos de fila; este año le tocaba a mi hermano pequeño, a mi tesoro pequeño.
Y aunque no seamos las únicas personas que vistamos la túnica en mi casa, este año, del dormitorio de mis padres, colgaba una túnica muy especial para mí. Una túnica que hacia tiempo no se sentía privilegiada por el anonimato, una túnica que para mí representa un espejo donde mirarme, no solo en cada madrugada, sino en cada día que pasa, era la de mi padre.
Pero quizás el momento que guardaré con más cariño de esta pasada estación de penitencia fue cuando mi padre me ayudó a colocarme mi esparto, hacia tres años que esto no se producía, y volví a sentirlo cerca, a sentirlo mío.
Otro momento que guardaré con mucho cariño de este año fue cuando vi por primera vez a mi hermana enfundándose la túnica, túnica por la que siento tantas cosas; de nuevo una sonrisa se dibujó en mi cara cuando, mirándola, supe que sentiría esos pellizcos que te produce acompañar al Cristo del Perdón.
Al llegar a la Ermita, perdí mi mirada en la de mi Cristo, y durante un par de segundos, sentí que sólo estábamos Él y yo, mirándonos frente a frente; este año tenía que contarle tantas cosas, que pedirle tantos consejos, y, y sobre todo, susurrarle al oído una cosa bien fuerte; que me siguiera dando fuerza para poder vestir la túnica.

Por que al llegar la Semana Santa, si tengo una cosa clara es que necesito vestir mi túnica. Me da igual el sitio en que vaya, no me importa que ese día esté cansada o no encontrarme bien. Yo necesito vestir la túnica, y perderme entre los adoquines de nuestro recorrido deshaciendo las penas y las alegrías de mi vida.
Y en estos últimos meses las penas la han ganado la balanza a las alegrías, y lo necesitaba. Vestir la túnica este año me ha permitido descargarme emocionalmente ante Él, sabiendo que Él me si que me escucha, que Él su que me ayudara a caminar, y aunque mucha gente haya perdido la fe en mí, el camino de mi vida tengo que elegirlo y andarlo yo, y las piedras con las que tropiece me ayudaran a se mejor persona, a sabiendas de que la sombra que me dé cobijo en mi caminar será la de su mirada, la de su serenidad, la de su amor hacía mí.
Este año necesitaba vestir la túnica, y espero tener fuerzas suficientes para poder hacerlo el resto de mi vida, ya que forma parte de mi vida. Por eso la necesito. Al igual que necesito a mi Cristo del Perdón.
Y tu hermano, ¿estas preparado para compartir las vivencia de la túnica? Espero que si y que el próximo año seas tu en contarla
Gracias Padre por darme la oportunidad de estar a tu lado un añito mas. Gracias.
Lidia Mateos Peña
Jerez de la Frontera

Por: Mujeres Cofrades de Cartagena | Mujeres Cofrades | Comentarios (0) | Referencias (0)
ACTUALIDAD Y NOTICIAS. ASOCIACIÓN MUJERES COFRADES DE CARTAGENA
Diseñado por Studio.st
Online gracias a Bitacoras.com